Como os contamos la semana pasada, para el cumple de mi hermana hicimos una de sus tartas preferidas,
queda bonita, a mi hermana (y a mucha gente que en principio no es muy
aficionada a las zanahorias) le encanta y encima, nos permitía
aprovechar nuestra última fase de la cosecha del huerto de invierno…
Pues un día, cuando estaba lavando un poco de rúcula para la ensalada,
descubrí unas larvas pequeñitas en algunas hojas y en 2 días que estuve
mala sin poder ir a buscar algún remedio, de repente el huerto había
desaparecido! Unos gusanos gordos, verdes fosforecente, asquerosos, lo
habían devorado entero; menos mal que quedaba poco por cosechar!
gustó el sitio o que era una variedad de poco crecer, jeje, el caso es
que no crecían, no crecían y ya tuvimos que recogerlas así; Y yo que pensaba hacerle la papilla a Carlitos con la cosecha de zanahorias…
derretida, las especias, la zanahoria picada, el azúcar y los huevos.
Batimos bien y añadimos harina, levadura y sal. Cuando esté bien
mezclado, las cucharadas de leche y terminamos de batir.
estas cantidades no muy grande, de unos 20cm de diámetro, y la metemos
en el horno a 170 grados aproximadamente 1 hora.
longitudinalmente para rellenarlo con la mitad de la crema y usamos la
otra mitad para cubrirlo. Reservar unas horas en la nevera para que se
endurezca la crema y, si tenéis zanahorias enanas, decorar :P!








Así que ya tenemos una forma de aprovechar las cáscaras de las habas, y también hablamos que haciendo lo mismo pero con tostas pequeñitas y huevos de codorniz puede quedar un aperitivo rico y original, de esos que nos pedís que pongamos aquí de vez en cuando 😉
¿Os animáis a hacerlo?















Recogemos la cantidad que vayamos a tomar ese día, porque en la nevera aguanta muy poco y además está mucho más sabrosa recién cortada, y la ponemos en remojo.
Mientras recogimos también algunos rabanitos que ya estaban en su punto, 










